La pandemia le ha provocado un gran desgaste internacional al gigante asiático, que se perfila para ser la gran potencia económica y tecnológica del siglo XXI.

La decisión de China de someterse a una investigación imparcial cuando termine la pandemia del coronavirus refleja su preocupación por esclarecer un episodio confuso y traumático, cuya transparencia ha sido cuestionada por algunos países, entre ellos Estados Unidos.

No hay duda de que la Covid-19 le ha provocado un gran desgaste internacional a China, país que se perfila para ser la gran potencia económica y tecnológica del siglo XXI.

En medio de una pelea de colosos con el presidente estadounidense, Donald Trump, Beijing diseñó una estrategia diplomática y comercial para protegerse de las acusaciones lanzadas por el magnate sobre su supuesta incapacidad para alertar antes al mundo sobre la aparición del nuevo coronavirus.

Esta semana, sin ir más lejos, el jefe de la Casa Blanca, mostrando su habitual verborragia, dijo que la "incompetencia" del país asiático provocó "una matanza mundial".

"La polémica sobre el origen del virus está incentivada por parte de Estados Unidos con esta superpolitización que hizo Donald Trump de la pandemia, para de alguna forma tapar el desastre con el que la Casa Blanca se manejó para combatir el virus", dijo a Télam Pablo Giusto, director del Observatorio chino-argentino.

El analista señaló que, obviamente, China es "el chivo expiatorio para un conflicto que ya venía desde antes de la pandemia", y recordó que "hay consenso en la comunidad científica internacional de que el virus fue una mutuación natural, como ya pasó con otros seis coronavirus anteriores".

En cuanto a la decisión de Beijing de someterse a una investigación exhaustiva cuando finalice la Covid-19, Giusto opinó que "en un primer momento, China fue cauta con esto porque se sintió en el banquillo de los acusados injustamente".

"Sabemos poco de lo que ocurrió en esas primeras semanas sobre el origen del virus. Entonces es lógico, en algún punto, esta preocupación de la comunidad internacional", afirmó.

A principios de febrero, varios diarios europeos parecían hacerse la misma pregunta: ¿se podría haber impedido la epidemia si las autoridades chinas hubieran actuado antes?

Otros cuestionamientos apuntan a que el gobierno comunista impidió que los médicos de Wuhan dieran la voz de alarma sobre esta enfermedad, que ya causó más de 331.000 muertos, casi 93.000 de ellos solo en Estados Unidos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El 16 de abril, durante una entrevista con el diario británico The Financial Times, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, pidió "no ser ingenuos" frente a la forma en que China manejó la crisis del coronavirus.

"Han sucedido muchas cosas que no conocemos", dijo el mandatario.

Y el 21 de abril, el primer ministro australiano, Scott Morrison, pidió llevar a cabo una investigación internacional para determinar el origen del coronavirus que, según China, se originó en un mercado de venta de animales vivos en Wuhan, a principios de diciembre.

Tras las declaraciones de Morrison, China suspendió en represalia la importación de carne de las cuatro mayores empresas australianas, entre ellas JBS Australia, que representan el 35% de los envíos a ese país.

Beijing es el primer socio comercial de Camberra, tanto en exportaciones como importaciones.

Para el gobierno chino, la iniciativa australiana está motivada por las críticas que formuló Trump contra Beijing.

Estados Unidos, por su parte, sostiene que China mintió sobre el origen de la enfermedad y señaló que la OMS tuvo un "sesgo a favor de China", por lo cual Washington suspendió el financiamiento para esa entidad humanitaria.

Todo cambió, sin embargo, cuando el pasado 18 de mayo el presidente chino, Xi Jinping, se manifestó dispuesto a una revisión integral sobre la respuesta a la pandemia, cuando finalmente el virus haya sido erradicado del planeta.

Xi insistió en que su país ha tenido en todo momento "una actitud abierta, transparente y responsable" y rechazó una vez más las críticas formuladas por Estados Unidos.

Esta semana, China dio otro paso fundamental para solucionar la crisis sanitaria: prohibió la venta y el consumo de animales vivos en Wuhan, entre ellos el popular pangolín, una especie de armadillo insectívoro de carne muy preciada.

Pero la competencia entre las dos superpontecias está a la hora del día.

En un mensaje difundido en Ginebra durante la Asamblea Mundial de la Salud, el presidente Xi prometió que la vacuna china contra el coronavirus, en fase de experimentación, será "un bien público global".

Mientras Trump se muestra agresivo, criticando incluso a sus aliados como Brasil (dijo que analiza prohibir a Estados Unidos los vuelos de ese país, el segundo con más casos de coronavirus), Beijing exhibe una posición de país amigable a escala mundial.

Télam