Cultura

‘El final de Oak Street’: espeluznante, divertida y caótica como pocas

La nueva película de David Robert Mitchell mezcla dinosaurios, drama familiar y comedia negra con Anne Hathaway y Ewan McGregor. Entretiene de entrada, pero su caos termina por desgastarla.

Publicado el 15 de agosto de 2026, 11:05 hs

‘El final de Oak Street’: espeluznante, divertida y caótica como pocas
Hipertextual

La nueva película de David Robert Mitchell, ‘El final de Oak Street’, llega con una premisa que parece sacada de un sueño febril: una familia común y corriente es arrancada de su tranquila calle junto a toda su cuadra y lanzada a un mundo dominado por dinosaurios y criaturas prehistóricas. Lo que empieza como un día cualquiera se convierte en una lucha brutal por la supervivencia.

Con Anne Hathaway y Ewan McGregor como los padres Denise y Greg, la cinta apuesta fuerte por combinar terror, comedia negra y un drama familiar que intenta sostener el disparate. El guion, escrito también por Mitchell, decide no perder tiempo en explicaciones cósmicas: el evento pasa, la realidad se rompe y la familia Platt, junto a sus vecinos, debe arreglárselas con lo que hay. Esa decisión de ir al punto sin dar vueltas es uno de los aciertos iniciales.

Durante su primera hora, la película brilla cuando se concentra en personajes corrientes enfrentando lo imposible. Los vecinos —interpretados por Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne, Bethany Anne Lind y otros— aportan el equilibrio perfecto al caos de la familia principal. Cada uno descubre, a los golpes, qué habilidad cotidiana puede servir en un mundo donde cualquier distracción termina en una mordida fatal.

Mitchell parece disfrutar especialmente llevando a sus protagonistas a situaciones extremas. La mezcla de tonos —del humor burlón al horror más cruento— funciona mientras la historia se mantiene cerca de sus personajes. Hathaway y McGregor cargan con el peso emocional de un matrimonio desgastado de veinte años, y ese trasfondo humano evita que todo se reduzca a efectos especiales y persecuciones.

Sin embargo, la película no mantiene el pulso. En su tramo final, ‘El final de Oak Street’ se vuelve excesivamente caótica y recurre a clichés que recuerdan a las entregas más flojas de sagas de monstruos. Lo que empezó como una aventura audaz termina sintiéndose desordenada, como si el director no se animara del todo a apostar por su propia locura. El cierre, claramente inspirado en el estilo Spielberg, sabe a poco comparado con la potencia de la primera parte.

Aun con sus tropiezos, la cinta entretiene y sorprende en varios momentos. No llega a ser la obra redonda que su premisa prometía, pero deja la sensación de que Mitchell se divirtió mucho filmándola. Y esa diversión, aunque irregular, se contagia en varias secuencias.

Si te gustan las historias que mezclan criaturas imposibles con gente común que solo quiere volver a casa, ‘El final de Oak Street’ vale la pena. No es perfecta, pero sí es una de esas propuestas que se atreve a ser rara en un panorama de blockbusters cada vez más predecibles.

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