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La carne vacuna de Brasil, el mayor impulsor global de la deforestación

Casi un cuarto de la deforestación mundial de las últimas décadas se debe a la expansión de pasturas para ganado en Brasil, donde la mayoría se consume localmente. Un vistazo a los datos que explican por qué.

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Desde que empezó el siglo, se taló una superficie de bosque equivalente a cinco veces el territorio del Reino Unido. Gran parte de esa pérdida tiene un responsable claro: la producción de carne vacuna en Brasil.

Según datos actualizados al 2026, el 41% de la deforestación global reciente se explica por la necesidad de crear pasturas para el ganado. Y casi dos tercios de ese porcentaje ocurrió en territorio brasileño. En números redondos, eso significa que una de cada cuatro hectáreas deforestadas en el mundo en las últimas décadas se perdió para criar vacas en Brasil.

El impacto no se reparte de manera uniforme dentro del país. La mayoría de la conversión de tierra afectó a dos ecosistemas especialmente ricos: la Amazonia y el Cerrado. Ambas regiones perdieron cobertura natural para dejar lugar a pastizales.

Un detalle que sorprende a muchos es el destino final de esa carne. A pesar de que Brasil es uno de los mayores exportadores mundiales, la mayor parte de la producción se queda dentro del país. El consumo per cápita de carne vacuna en Brasil se duplicó en los últimos 50 años y hoy triplica el promedio europeo. Eso explica por qué, según estimaciones de “deforestación comercializada”, alrededor del 85% de la deforestación asociada al ganado brasileño responde a demanda doméstica.

El 15% restante se exporta y se distribuye entre varios destinos. China y Estados Unidos aparecen como los principales compradores, pero ninguno concentra una porción dominante. La historia, entonces, no es solo de exportaciones ricas que “importan” deforestación tropical: es también —y principalmente— un asunto interno de Brasil.

Estos números provienen de un análisis reciente que combina datos satelitales, registros de producción y flujos de comercio. La autora, Hannah Ritchie, de Our World in Data, insiste en que entender el peso de cada commodity es clave para diseñar políticas efectivas. Si el objetivo es frenar la pérdida de bosque, concentrarse solo en las exportaciones dejaría fuera la mayor parte del problema.

En paralelo, el aumento global de la demanda de carne sigue presionando. Mientras el consumo interno brasileño crece, cualquier medida que busque reducir la deforestación tendrá que dialogar tanto con hábitos locales como con cadenas de suministro internacionales.

El caso brasileño ilustra cómo las decisiones de consumo cotidiano —en el supermercado, en el asado del domingo— terminan sumando hectáreas perdidas a miles de kilómetros de distancia. Y muestra que, a veces, el mayor impacto no viene de lo que se exporta, sino de lo que se come en casa.

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