Matilda cumple 30 años: el clásico de Danny DeVito que sigue influyendo en el cine actual
La adaptación de Roald Dahl dirigida por Danny DeVito en 1996 marcó a toda una generación y su huella se ve en muchas películas y series que llegaron después.
Este año se cumplen treinta años del estreno de Matilda, la adaptación que Danny DeVito dirigió y protagonizó en 1996. Para quienes la vieron de chicos, sigue siendo un clásico que se puede volver a ver sin que pierda su encanto. Pero más allá de la nostalgia, la película dejó una marca que se nota en varias producciones que vinieron después.
La historia, basada en el libro de Roald Dahl, cuenta las aventuras de una niña superdotada que descubre sus poderes telequinéticos y se enfrenta a una directora tiránica. DeVito no solo dirigió, sino que también interpretó al padre de Matilda, un vendedor de autos usados tan carismático como estafador. Su versión combinó humor físico, sátira y un toque de ternura que la hizo especial.
Lo que sorprende al revisitarla es cómo influyó en la forma de contar historias infantiles con protagonistas fuertes y villanos exagerados. Esa mezcla de realismo mágico con crítica social liviana aparece en muchas comedias familiares posteriores. Pensá en películas que usan niños inteligentes como motor de la trama o que convierten la escuela en un campo de batalla contra la autoridad absurda.
El estilo visual también dejó huella. La dirección de DeVito, con ángulos exagerados y colores vibrantes, creó un mundo que se siente al mismo tiempo cotidiano y fantástico. Esa estética se ve replicada en varias producciones que buscan ese equilibrio entre lo real y lo exagerado sin caer en efectos digitales excesivos.
Además, la película ayudó a consolidar la idea de que las adaptaciones de Dahl podían ser más oscuras y divertidas de lo que el cine familiar acostumbraba en los noventa. Eso abrió camino para otras versiones posteriores de sus libros, que mantuvieron ese espíritu irreverente.
En las últimas semanas volvieron a circular clips de las escenas más recordadas: la tarta de chocolate, el “chazam” o la pobre señorita Honey. En redes, miles de usuarios comparten cómo la vieron de chicos y ahora se la muestran a sus propios hijos. Eso habla de una permanencia que pocas películas infantiles logran.
Aunque no fue un bombazo de taquilla en su momento, con el tiempo se convirtió en un referente. Críticos y realizadores la mencionan cuando hablan de cómo contar historias sobre empoderamiento infantil sin sermonear. Su influencia se siente más en el tono que en citas directas: un humor que no subestima al público joven y adultos que pueden disfrutarla a otro nivel.
Si no la viste hace rato, este es un buen momento para retomarla. En 2026 sigue funcionando como un recordatorio de que las buenas historias infantiles pueden ser a la vez divertidas, un poco rebeldes y muy inteligentes. Y sí, todavía te dan ganas de gritar “¡Matilda!” cuando alguien hace algo épico con la mente.