La pandemia generó que investigadores, trabajadores de la salud, empresarios y emprendedores pusieran a prueba su ingenio para mejorar las herramientas médicas disponibles.

Los expertos desarrollaron un videolaringoscopio, un instrumento que permite la intubación rápida de los pacientes en estado grave.

La pandemia de COVID-19 cambió la forma de vida de millones de personas en todo el mundo, modificando formas de convivencia, trabajo y esparcimiento, pero además generó que investigadores, trabajadores de la salud, empresarios y emprendedores pusieran a prueba su ingenio para mejorar las herramientas médicas disponibles.

Cuando a mediados de marzo el coronavirus desembarcó en Argentina, un grupo de médicos se reunió con investigadores de la Universidad de Tres de Febrero (Untref) y de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para pedir ayuda: ellos sabían que habría insumos críticos que podían llegar a escasear.

Así, ingenieros que trabajan habitualmente en la creación de aerogeneradores para suministrar electricidad en barrios vulnerables, comenzaron a diseñar elementos de uso médico que, con bajos costos de producción, pudieran suplir esos faltantes.

El grupo interdisciplinario conformado entre la Untref y la CNEA se propuso el desarrollo de tres proyectos que, al día de hoy, sólo esperan la aprobación de la Anmat para comenzar a ser fabricados y distribuidos.

"Diseñamos una válvula Venturi, un cilindro de 10 centímetros de longitud que se conecta a la máscara de oxígeno y permite regular la concentración que se suministra. Esta válvula no se consigue en el país y, a diferencia de las que se importan, es de flujo variable, es decir que con una sola se puede regular la cantidad de gas sin cambiarla por una más chica o más grande", explicó a Télam Lucio Ponzoni, director del equipo.

Diseñado en un material biodegradable, este implemento puede producirse con una impresora 3D que cuente con los planos necesarios para su creación.

También gracias a esa tecnología, se pudo mejorar y desarrollar un videolaringoscopio, el instrumento que permite la intubación rápida de los pacientes en estado grave.

"Se trata de la mejora de un desarrollo internacional que realizó una ONG de Estados Unidos y permite al médico intubar de manera rápida. El costo es de 10 mil o 15 mil dólares pero, gracias a los planos que nos cedieron y a la impresión 3D, se puede fabricar por 1.000 pesos".

Elementos de prevención

Esta válvula Venturi es un cilindro de 10 centímetros de longitud que se conecta a la máscara de oxígeno y permite regular la concentración que se suministra.

Además, se encargaron de modificar un instrumento que sirve de barrera física entre el paciente y el médico a la hora de hacer la intubación, bajando los costos de 25 mil pesos a 1500.

Se trata del "aerosol-box", una caja transparente que se ubica sobre la cabeza y torso del paciente y que a través de dos orificios laterales permite al médico ingresar sus manos y realizar la riesgosa operación de colocar un respirador artificial.

"Estas cajas originalmente se hacen de acrílico rígido, que tienen inconvenientes como la modificación de la imagen de lo que ve el médico. Nosotros la armamos con nylon cristal, que es barato y se consigue con facilidad, con una estructura de aluminio y nodos impresos en 3D", explicó Ponzoni.

Al mismo tiempo empresas privadas se lanzaron a innovar para producir equipamiento médico que no se usaba hasta el momento en el país y que ha probado tener eficacia en el tratamiento de la Covid-19.

Marcos Ledesma, director de Ecleris, una PyME que se dedica a la fabricación de instrumental médico, vio en marzo pasado como uno de sus socios era internado por coronavirus y salvaba su vida luego de pasar por terapia intensiva.

"La verdad es que la pasó muy mal, estuvo al borde de la muerte un par de noches. Nosotros tuvimos contacto telefónico mientras él estaba consciente y me decía que le daban oxígeno de distintas maneras pero que no le funcionaba. Habíamos visto unos cascos que se usaron en Italia, pero preguntamos y no estaban disponibles. Por eso, habiendo tenido experiencia con cámaras hiperbáricas, se nos ocurrió la idea de producir cascos para Covid", explicó a Télam Ledesma.

Estos "cascos" son similares a una escafandra: transparentes en su parte frontal, permiten inyectar el oxígeno con una presión superior, lo que genera un efecto benéfico en los alvéolos pulmonares, que en muchos casos colapsan por el efecto de la infección.

Según Ledesma, además de los beneficios terapéuticos -que se traducen en una menor cantidad de pacientes con necesidad de respiradores artificiales- este tipo de instrumentos evitan la dispersión del virus, algo que facilita la atención por parte del personal de salud.

La empresa consiguió la autorización de la Anmat para su venta en el país y ya exportó 600 cascos a Chile y 200 a Guatemala, entre otros destinos.

El personal de salud que trabaja en la primera línea de combate también está haciendo aportes innovadores para mejorar el cuidado de los pacientes y del resto de la comunidad.

Tal es el caso de los trabajadores de la Clínica Cruz del Sur de Caleta Olivia quienes, con el apoyo de las autoridades del sanatorio, desarrollaron una cápsula de traslado de personas que minimiza el riesgo de transmisión del virus.

Según explicó Carolina Zilberberg, apoderada de la entidad, la idea fue de una empleada de farmacia que comentó sobre la existencia de estas camillas para interactuar con pacientes sospechosos de tener el virus mientras se los atiende.

"Vos los llevás desde la habitación hasta el tomógrafo y pasás por pasillos, salas de espera. Esto sirve para aislarlo durante ese trayecto pero, además se armó sin metal para que pueda ser utilizada dentro del tomógrafo. Ya donamos una al hospital de Caleta, una al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia y una al Hospital Militar de Buenos Aires", comentó.

Mientras que el equipo de la Untref se vio empujado a aprender sobre laringoscopios en solidaridad con los médicos que pedían ayuda, Zilberberg y Ledesma trabajan desde hace años con temas relacionados a la salud, pero se puede decir que el coronavirus los cambió a todos.

Ledesma, aún emocionado por la recuperación de su socio, puede relatar la angustia que provoca esta enfermedad: "Lo que yo viví fue tremendo, no se lo deseo a nadie. Ojalá estuviéramos vendiendo lo que siempre fabricamos y no esto".

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